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viernes, 1 de mayo de 2020

ACERCA DE LA AUTOCRÍTICA


 
Las matizaciones son rechazadas a menudo en el debate. Se suelen preferir las posiciones sin fisuras, rígidas, de una sola pieza, porque ello conlleva sensación de comodidad y, sobre todo, de seguridad. Así, el intento de introducir según qué puntualizaciones suele conducir a confusión y a acusaciones infundadas: cuando, aun defendiendo una determinada posición, se ven y destacan los matices de las cuestiones desdibujando la total integridad de esa posición, es habitual que inmediatamente y sin esperar a mayores aclaraciones se tome la parte por el todo y aparezcan las sospechas de estar alineándose en el frente opuesto, como si fuera imposible el detectar inconsistencias, siquiera mínimas, en la propia postura. En definitiva, como si la autocrítica fuese algo inapropiado, cuando en realidad se trata de una herramienta enormemente valiosa para mejorar y reforzar el propio pensamiento, ya que sirve para detectar sus puntos débiles y así poder solventarlos. Pero la autocrítica es trabajosa, incomoda y asusta, resta seguridad en uno mismo e incluso puede poner a prueba nuestro orgullo. De ahí la tentación de rechazarla.

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